Ante este panorama, Fátima Bosch ha adoptado una postura firme y desafiante.

En múltiples entrevistas, ha negado categóricamente las acusaciones, afirmando: “Por supuesto que no renunciaré, porque yo merezco esta corona y esta banda”.

Su estrategia de relaciones públicas se ha centrado en defender su triunfo como el resultado de su propio esfuerzo y disciplina, desestimando los señalamientos como “completamente falsos”. A su llegada a Nueva York para iniciar sus actividades oficiales, fue recibida por la comunidad mexicana y ha continuado con su agenda, incluyendo visitas a la ONU y al consulado mexicano, reafirmando su compromiso con causas sociales. Lupita Jones, la primera Miss Universo mexicana, ha salido en su defensa, pidiendo detener los ataques contra Bosch, a quien considera una “víctima de la situación”, aunque también ha criticado duramente a la actual administración del certamen, afirmando que “ha perdido completamente el rumbo”.