En documentos judiciales, se reveló que Plasencia se refirió al actor como un “idiota” al que se podía explotar económicamente, lo que evidencia, según los fiscales, que actuó “por dinero, no por ética médica”. Aunque no se le acusa de haber proporcionado la dosis específica que causó la sobredosis fatal de Perry, la fiscalía argumentó que sus acciones contribuyeron indudablemente al perjuicio sufrido por el actor. La defensa de Plasencia argumentó que ya había sufrido consecuencias significativas, como la pérdida de su licencia médica, su clínica y su reputación, pidiendo una sentencia de libertad condicional. Sin embargo, la familia de Perry presentó una declaración de impacto contundente, en la que su madre, Suzanne Perry, y su padrastro, Keith Morrison, afirmaron que creían que Plasencia era “uno de los más culpables de todos”. La jueza Sherilyn Peace Garnett, al dictar la sentencia, recriminó al médico: “Tomaste un juramento hipocrático de no hacer daño, pero lo hiciste”.