Por un lado, el exjuez del certamen, Omar Harfouch, y el ex-CEO de Miss Universo México, Rodrigo Goytortua, han denunciado públicamente un presunto fraude, sugiriendo que la victoria de Bosch fue un “regalo” arreglado por el dueño del 50% de la franquicia, Raúl Rocha Cantú, debido a supuestos conflictos de interés con el padre de Fátima, Bernardo Bosch. A esto se suma que Rocha Cantú enfrenta una investigación de la Fiscalía General de la República en México por delincuencia organizada. Por otro lado, Nawat Itsaragrisil, director de Miss Universo en Tailandia, presentó una denuncia penal por difamación contra Bosch en Tailandia, alegando que ella lo acusó falsamente de llamarla “tonta” durante un altercado que se viralizó.
Ante este complejo panorama, la respuesta de Fátima Bosch ha sido firme y consistente. En múltiples entrevistas, ha negado categóricamente las acusaciones de fraude y ha descartado cualquier posibilidad de renunciar a su título.
“Por supuesto que no renunciaré, porque yo me merezco esta corona y esta banda”, declaró a Telemundo.
Bosch defiende la transparencia de la organización y atribuye su victoria a su “arduo trabajo”, asegurando que pasó las mismas pruebas que sus compañeras. Sobre la relación entre su padre y Rocha Cantú, afirmó que “se conocieron el día de Miss Universo”. Además, ha utilizado su plataforma para denunciar los mensajes de odio que ha recibido, reafirmando su compromiso con las causas sociales y su rol como voz de las mujeres. Su tía, Mónica Fernández Balboa, también ha desestimado las acusaciones como “vaciladas”.
Lupita Jones, ex Miss Universo, ha defendido a Bosch como persona, separándola de la “enfermedad que está atravesando Miss Universo” como organización.













