A pesar de estos desarrollos, las consecuencias institucionales han sido severas.

El rey Carlos III despojó formalmente a su hermano de todos sus títulos reales, incluido el de "Su Alteza Real", y se le ha notificado que debe abandonar su residencia en Royal Lodge.

La respuesta de Andrés ha sido la discreción. Su primera aparición pública desde la pérdida de sus títulos fue en el bautizo de su nieta, donde utilizó una entrada lateral para evitar a la prensa, una clara señal de su estrategia de mantenerse fuera del foco público mientras el escándalo sigue latente.