Este último, quien entregó directamente la droga a Perry semanas antes de su fallecimiento, recibió una sentencia más severa: dos años y medio de prisión. La fiscalía argumentó que los médicos se aprovecharon de los “problemas de adicción” de Perry para enriquecerse, e incluso Plasencia se refirió al actor en mensajes de texto como un “idiota” al que se podía explotar económicamente. La jueza federal Sherilyn Peace Garnett indicó que buscará coherencia en las sentencias de los otros tres acusados que también se declararon culpables, incluyendo al asistente personal de Perry, Kenneth Iwamasa, y a Jasveen Sangha, conocida como la “reina de la ketamina”. El caso pone de relieve los riesgos del uso indebido de anestésicos como la ketamina en tratamientos para la depresión y la responsabilidad ética y penal del personal médico.