Durante su primera comparecencia ante el tribunal, se declaró no culpable.
Su respuesta legal se perfila hacia una defensa por demencia, ya que informes de medios como TMZ y The Los Angeles Times revelaron que había sido diagnosticado con esquizofrenia semanas antes del crimen. Fuentes cercanas a la familia indicaron que su comportamiento se había vuelto “alarmante” tras un cambio en su medicación.
La noche anterior a los asesinatos, durante una fiesta de Navidad en casa de Conan O'Brien, Rob Reiner habría confesado a amigos su temor: “Le tengo miedo a mi hijo.
Creo que mi propio hijo puede hacerme daño”.
Este altercado en la fiesta fue tan intenso que algunos invitados consideraron llamar a la policía, pero O'Brien intervino para evitarlo.
Actualmente, Nick se encuentra en aislamiento y bajo vigilancia por riesgo de suicidio en prisión.
Mientras tanto, sus hermanos, Jake y Romy Reiner, emitieron un comunicado pidiendo que sus padres sean recordados por sus “vidas increíbles” y no por la tragedia, solicitando que “las especulaciones se moderen con compasión y humanidad”.
La respuesta de la familia ha sido de profundo dolor, intentando equilibrar el duelo con el complejo proceso judicial que involucra a su propio hermano.</p>













