El argumento central es que la producción, que retrata a Farah de una manera que muchos consideraron fría e incluso satírica, reavivó el escrutinio público y el odio social en su contra, causándole un daño devastador.

Según Manzo, su clienta ha sufrido consecuencias directas como la pérdida de negocios y un constante hostigamiento en espacios públicos y redes sociales. “Ha percibido rechazo directo en lugares públicos; incluso ha notado que meseros le escupen en su café”, afirmó la defensa. La demanda sostiene que Farah vive con “miedo permanente” a que un “vengador anónimo”, influenciado por la narrativa de la serie, intente hacer justicia por su propia mano. La estrategia legal busca una reparación económica que, según el abogado, podría alcanzar hasta el 40% de las ganancias totales generadas por la producción, amparándose en la legislación sobre daño a la imagen y daño moral. La defensa subraya que Farah no es una figura pública y que su derecho a la privacidad fue vulnerado, especialmente al utilizar imágenes reales de ella al final de la serie sin su consentimiento.</p>