En uno de los mensajes más impactantes, mencionó la posibilidad de que esa fuera su “última Navidad”, lo que generó una ola de apoyo pero también preocupación. Paralelamente, surgieron rumores, difundidos por periodistas como Gustavo Adolfo Infante, que aseguraban que su hermana Marilé y su cuñado, Sergio Araiza, la tenían “secuestrada” y controlaban sus finanzas.

La respuesta de Andrade fue contundente y con su característico humor.

Publicó un video junto a su cuñado, comiendo tacos y bromeando sobre el supuesto control mental.

“Sergio no me secuestró, para nada; Sergio no maneja mi dinero; Sergio no toma decisiones de mis medicamentos”, afirmó, desactivando la controversia.

Su hermana también pidió responsabilidad a los medios. Esta doble estrategia —vulnerabilidad sobre su salud y firmeza para defender a su familia— le permitió a Andrade mantener el control de su historia personal, generando empatía y aclarando directamente las falsedades.