El expresidente estadounidense, conocido por su tensa relación con el actor, ironizó en redes sociales: “¡Buena noticia!

George y Amal Clooney, dos de los peores pronosticadores políticos de todos los tiempos, se han convertido oficialmente en ciudadanos de Francia”. La controversia también tuvo eco en el gobierno francés, donde la ministra delegada del Interior, Marie-Pierre Vedrenne, consideró que “no es el mensaje correcto”, citando una “cuestión de equidad” frente a los extranjeros que enfrentan requisitos de idioma más estrictos. El propio Clooney admitió que su francés seguía siendo “igual de mal” a pesar de “400 días de clases”. En respuesta, el actor ha justificado su decisión en la búsqueda de una vida más tranquila y anónima para sus hijos, lejos del acoso de los paparazzi en Hollywood. En una entrevista, afirmó que Francia es “el lugar más feliz para nosotros”, ya que allí “no se toman fotos de tus críos.

No hay paparazzi escondidos a la salida de la escuela”. Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores francés defendió la naturalización, argumentando que la familia cumple las condiciones legales y “contribuyen por su destacada labor a la influencia internacional y al prestigio cultural de Francia”.