Lanthimos utiliza esta premisa para tejer un relato que salta entre géneros como el suspenso, el terror y la comedia, mientras realiza agudos comentarios sociales. La película juega con la empatía del espectador, oscilando entre la lástima por la CEO secuestrada y la compasión por Teddy, un hombre profundamente traumatizado por las mismas estructuras de poder que Michelle representa. La crítica ha elogiado las actuaciones, destacando la “desoladoramente divertida” interpretación de Stone y la “sinceridad realista” de Plemons. El devastador final de la película refuerza uno de los temas recurrentes de Lanthimos: la humanidad es su peor enemigo, prefiriendo las teorías conspirativas a aceptar su propia complicidad en la destrucción inminente.