La reacción en redes sociales fue inmediata, con usuarios, panaderos y expertos en gastronomía defendiendo la riqueza y diversidad de la panadería mexicana, desde las piezas de panadería de barrio hasta su rol central en la dieta y rituales cotidianos, como el “bolillo para el susto”. La controversia también se enmarcó en un debate más amplio sobre la gentrificación en colonias como la Roma, donde se ubica Green Rhino.

Ante la presión mediática, que incluyó llamados a boicotear su negocio, Hart emitió una disculpa a través de las redes sociales de su panadería.

En su mensaje, reconoció: “Me equivoqué y lo lamento profundamente”.

Se posicionó como un “invitado” en el país que olvidó actuar con el debido respeto y se comprometió a “escuchar más y hablar menos”, asumiendo la responsabilidad de aprender de la cultura local. El episodio sirvió para reafirmar el valor del pan como pilar de la identidad gastronómica mexicana.