La receta mexicana clásica es un reflejo de la biodiversidad del país, incluyendo frutas como el tejocote —el ingrediente principal—, guayaba, manzana, caña de azúcar, tamarindo y ciruela pasa, todo endulzado con piloncillo y aromatizado con canela y flor de jamaica.

Esta bebida no solo es apreciada por su sabor reconfortante, sino también por sus beneficios nutricionales, aportando vitaminas y fibra.

Además, es el centro de la convivencia en las posadas, sirviéndose en jarros de barro y a menudo con un "piquete" de ron o aguardiente para los adultos, reforzando su papel como catalizador social y símbolo de la generosidad de la temporada.