La campaña “Kentucky para Navidad” (Kurisumasu ni wa Kentakkii!)

posicionó exitosamente al pollo frito como el sustituto perfecto del pavo.

La estrategia fue tan efectiva que se convirtió en un ritual social. Los paquetes navideños de KFC son una comida planificada y esperada, que a menudo incluyen no solo pollo, sino también ensalada y un pastel de Navidad, todo en un empaque festivo. Este caso demuestra cómo una marca puede, no solo adaptarse a una cultura, sino crear una nueva tradición, convirtiendo un producto de consumo rápido en una experiencia simbólica y aspiracional.