Un ataque armado en Culiacán, Sinaloa, resultó en la muerte de un agente de la Policía Estatal Preventiva, lo que desencadenó un operativo coordinado que culminó con cinco presuntos delincuentes abatidos. El incidente subraya la persistente violencia en el estado, enmarcada en una disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa. La agresión inicial ocurrió la tarde del 7 de octubre en el fraccionamiento Stanza Cantabria, cuando el agente Fernando Lagunes, miembro del Grupo Lince e hijo del secretario de Seguridad de Cosalá, fue atacado a balazos por un grupo armado. El policía intentó refugiarse en el estacionamiento de una plaza comercial, pero fue perseguido y asesinado en el lugar. Tras el homicidio, se activó un operativo interinstitucional con la participación de la SSP de Sinaloa, el Ejército y la Guardia Nacional. Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), informó que, gracias a labores de inteligencia, se localizó a los presuntos responsables en un domicilio del fraccionamiento Urbivilla del Cedro.
Al llegar, las fuerzas del orden *“fueron agredidas, repeliendo la agresión y logrando reducir a cinco presuntos delincuentes”*.
En este segundo enfrentamiento, un agente resultó herido, pero se reporta fuera de peligro. En el sitio se aseguró armamento de uso exclusivo del ejército y el vehículo implicado en el primer ataque. Este suceso se suma a la estadística de violencia contra corporaciones en la entidad, con al menos 57 policías asesinados en los últimos 13 meses en el contexto de la pugna entre “Los Chapitos” y “Los Mayitos”.
En resumenEl asesinato de un policía estatal en Culiacán desató una rápida respuesta de las fuerzas de seguridad, resultando en la muerte de cinco presuntos responsables. El evento evidencia la alta peligrosidad que enfrentan los agentes en Sinaloa y la continua violencia derivada de la guerra interna del cártel local.