Las movilizaciones convocadas por la "Generación Z" en varias ciudades del país, principalmente en la Ciudad de México, culminaron con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. La jornada, que buscaba exigir justicia y seguridad tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, dejó un saldo de decenas de heridos y detenidos, además de agresiones a periodistas. La marcha principal en la CDMX, que congregó a unas 17,000 personas según cifras oficiales, transcurrió de manera pacífica desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo. Sin embargo, al llegar a la Plaza de la Constitución, un grupo de encapuchados, identificado como "Bloque Negro", derribó las vallas metálicas que protegían el Palacio Nacional utilizando martillos, piedras y otras herramientas. Esto provocó una respuesta de los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), quienes utilizaron polvo de extintores y gases para contener a los manifestantes. El enfrentamiento duró casi cuatro horas, resultando en 100 policías y 20 civiles lesionados, según el titular de la SSC, Pablo Vázquez.
Además, se reportaron 40 detenciones: 20 personas fueron presentadas ante el Ministerio Público por delitos como lesiones y robo, y 20 más por faltas administrativas. Durante los disturbios, varios periodistas que cubrían el evento fueron agredidos por policías, incluyendo un fotorreportero de La Jornada, a quien golpearon y despojaron de su equipo, y reporteros de TV Azteca, quienes fueron alcanzados por gases y piedras. Incidentes similares de violencia contra la prensa ocurrieron en Morelia. El gobierno de la CDMX y la Secretaría de Gobernación condenaron la violencia, atribuyéndola a "grupos organizados" y a la oposición, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que "nunca debe utilizarse la violencia para lograr cambios".
Tras los hechos, se convocó a una nueva marcha para el 20 de noviembre.
En resumenLa marcha de la "Generación Z" en la CDMX, inicialmente pacífica, derivó en un enfrentamiento violento en el Zócalo que dejó 120 lesionados (100 policías y 20 civiles) y 40 detenidos. Las autoridades atribuyeron la violencia a grupos infiltrados, mientras que los manifestantes denunciaron represión y agresiones a la prensa.