Incidentes recientes en la carretera 57 y la autopista México-Puebla, con botines millonarios y pasajeros heridos, subrayan la persistencia y peligrosidad de este delito. En uno de los hechos más graves, un autobús de la línea Ómnibus de México que cubría la ruta Morelia-Matamoros fue asaltado en la carretera federal 57, en el tramo de San Luis Potosí. Dos sujetos que se hicieron pasar por pasajeros amagaron al conductor y, tras realizar un disparo para intimidar a los viajeros, despojaron a las 23 personas a bordo, en su mayoría comerciantes de autos, de más de un millón de pesos en efectivo y pertenencias. En la misma carretera, pero cerca de Guadalcázar, otro autobús con casi 50 turistas fue asaltado por sujetos armados. Por otro lado, en la autopista México-Puebla, un joven de 18 años resultó herido de bala durante el robo de su camioneta en Tlahuapan, mientras que en otro evento a la altura de la Central de Abasto de Puebla, un comando de cinco hombres armados asaltó un autobús de la línea Expresso, dejando a cuatro pasajeros heridos tras golpearlos por resistirse al atraco. Estos acontecimientos demuestran un modus operandi recurrente: grupos armados que interceptan unidades de transporte de pasajeros o de carga, a menudo con violencia, evidenciando la vulnerabilidad de las principales arterias viales del país y el desafío continuo para la Guardia Nacional en la vigilancia de miles de kilómetros de carreteras.