Una grave tragedia ferroviaria enlutó al país tras el descarrilamiento de un convoy del Tren Interoceánico en Oaxaca, dejando un saldo de 13 personas fallecidas y cerca de un centenar de heridos. El accidente ha puesto en tela de juicio la seguridad de los megaproyectos ferroviarios del gobierno y ha motivado el inicio de una investigación federal. El siniestro ocurrió el domingo 28 de diciembre de 2025 en la Línea Z del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, entre las localidades de Nizanda y Chivela, cuando una de las locomotoras se salió de la vía, arrastrando a los cuatro vagones de pasajeros. Uno de los coches cayó por un barranco de aproximadamente seis metros de profundidad.
A bordo viajaban unas 250 personas.
La Secretaría de Marina (Semar) confirmó el saldo de 13 muertos y 98 lesionados, de los cuales decenas requirieron hospitalización.
La presidenta Claudia Sheinbaum instruyó una atención prioritaria a las víctimas y sus familiares, coordinada por la Semar, el IMSS e IMSS-Bienestar. La Fiscalía General de la República (FGR) ha iniciado una carpeta de investigación para esclarecer las causas, analizando el registrador electrónico del tren, conocido como "Pulser", el equivalente a la caja negra ferroviaria. El accidente ha reavivado las críticas sobre la premura en la construcción de estos megaproyectos y el uso de material rodante antiguo, ya que algunos de los vagones involucrados pertenecían al extinto Tren Turístico Puebla-Cholula.
En resumenEl descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca resultó en una significativa pérdida de vidas, lo que ha desencadenado una investigación federal sobre las causas y ha intensificado el escrutinio público sobre la seguridad y ejecución de los grandes proyectos ferroviarios de México.