Este cambio estructural ha hecho que Bitcoin se comporte cada vez más como una inversión volátil convencional, sujeta a ventas rápidas en tiempos turbulentos.
Una prueba de ello fue la salida de 900 millones de dólares de estos ETFs a mediados de mes, un evento que se considera uno de los catalizadores de la fuerte caída. Si bien la inversión institucional puede aportar estabilidad a nuevos proyectos de criptomonedas al proporcionarles respaldo y financiación, en el caso de activos establecidos como Bitcoin, la entrada de capital tradicional a través de vehículos como los ETFs también introduce una nueva fuente de volatilidad, ya que estos inversionistas tienden a deshacerse de activos de riesgo con mayor rapidez ante la incertidumbre macroeconómica.













