Estos marcos legales ayudan a descartar proyectos dudosos y a proteger los intereses de los inversionistas, lo que permite que muchos tokens nuevos comiencen a desarrollarse en un entorno más predecible.

Este proceso está ayudando a que el mercado adquiera gradualmente las características de un mercado maduro. En Estados Unidos, un hito regulatorio clave fue la aprobación de los fondos cotizados (ETFs) de Bitcoin al contado el año pasado. Esta decisión de los reguladores estadounidenses no solo legitimó a Bitcoin como un activo de inversión para el mercado tradicional, sino que también cambió fundamentalmente la estructura del mercado al facilitar la entrada de miles de millones de dólares de capital institucional. Aunque estos cambios regulatorios no eliminan la volatilidad, sí sientan las bases para una mayor transparencia y estabilidad a largo plazo, fomentando la confianza tanto de inversionistas privados como institucionales.