Esta fluctuación refleja tanto la incertidumbre macroeconómica global como la dinámica interna del ecosistema cripto, afectando a otros activos como Ethereum y Solana. La caída inicial, descrita como la peor desde marzo, fue atribuida a una combinación de factores. Analistas señalaron una toma de ganancias tras un repunte previo, así como una liquidación de apuestas apalancadas que ya había afectado al mercado en meses anteriores. A nivel macroeconómico, la posibilidad de un alza en las tasas de interés en Japón fortaleció al yen y generó temores sobre el fin del 'carry trade', una estrategia que históricamente ha beneficiado a activos de riesgo como las criptomonedas. Asimismo, el recorte en la previsión de ganancias para 2025 por parte de Strategy (anteriormente MicroStrategy), el mayor tenedor corporativo de Bitcoin, y un hackeo a la plataforma Yearn Finance, contribuyeron al sentimiento negativo. Sin embargo, el mercado revirtió la tendencia drásticamente.

El repunte fue impulsado principalmente por el renovado flujo de capital hacia los Fondos Cotizados en Bolsa (ETFs) de criptomonedas, que la semana pasada registraron ingresos por 382 millones de dólares. A esto se sumaron las crecientes expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) recortará su tasa de interés en la reunión del 10 de diciembre, lo que aumentó el apetito por el riesgo entre los inversionistas. Este rebote activó liquidaciones masivas en posiciones cortas, amplificando la subida y llevando la capitalización del mercado cripto a recuperar el nivel de los 3 billones de dólares.