Este comportamiento subraya la fragilidad del sector frente a factores macroeconómicos y la cambiante confianza de los inversionistas. La volatilidad no solo afectó a la principal criptomoneda, sino que arrastró a otros activos digitales y a las acciones de empresas vinculadas al ecosistema. El desplome inicial llevó a Bitcoin por debajo de los 85,000 dólares, una caída superior al 7%, lo que encendió las alertas en un mercado que ya venía de un mes de noviembre negativo, en el que perdió más de 18,000 dólares de su valor. Esta ola de ventas también impactó a otras criptomonedas importantes como Ether y Solana, que registraron retrocesos de alrededor del 7% y 8%, respectivamente. La capitalización total del mercado cripto volvió a ceder el nivel de los 3 billones de dólares, y el índice de “miedo y codicia” se profundizó en la zona de “miedo extremo”. Analistas atribuyeron parte de la presión vendedora a la falta de nuevos capitales en los fondos cotizados (ETF) de Bitcoin y a factores macroeconómicos, como las señales de un posible endurecimiento monetario en Japón, lo que reavivó temores sobre el desmantelamiento del “carry trade”, una estrategia de inversión que históricamente ha beneficiado a activos de riesgo como las criptomonedas.
Sin embargo, el mercado mostró su resiliencia con una rápida recuperación.
Bitcoin logró revertir las pérdidas y superó nuevamente los 92,000 dólares, impulsado por un renovado flujo de capital hacia los ETF y la expectativa de que la Reserva Federal de Estados Unidos recorte las tasas de interés.
Este repunte, cercano al 8%, se perfiló como su mayor alza diaria desde abril de 2024 y activó liquidaciones millonarias en posiciones cortas, demostrando que, a pesar del nerviosismo, el apetito por el riesgo no ha desaparecido por completo.













