Esta transición ha abierto las puertas del sistema financiero tradicional a los activos digitales, proporcionando liquidez y un marco regulado para la inversión.

No obstante, el camino no ha estado exento de dificultades. El ETF IBIT de BlackRock, uno de los más grandes, registró salidas por 2,400 millones de dólares en el último mes, coincidiendo con la caída general del mercado.

Este movimiento sugiere que, para muchos inversionistas institucionales, el principal atractivo sigue siendo la apreciación del precio, y no necesariamente la tecnología subyacente. A pesar de los retrocesos, las proyecciones para 2026 indican una consolidación del mercado cripto, que ya no es visto como una promesa, sino como parte de la “plomería financiera”. La tokenización de activos del mundo real (RWA), como bonos y bienes raíces, es señalada como la próxima gran tendencia, con BlackRock ya participando a través de su fondo BUIDL.