La principal preocupación de los expertos financieros es que estas criptodivisas operan en una zona regulatoria gris.

A diferencia de un depósito bancario, no cuentan con seguro de depósito ni protecciones contra el fraude. Corey Frayer, exfuncionario de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, afirmó que las empresas de stablecoins “disfrutan de los privilegios de ser un banco sin las responsabilidades”. Esta falta de supervisión ha convertido a las stablecoins en una herramienta atractiva para actividades ilegales.

El senador estadounidense Bill Hagerty señaló su uso por parte de “cárteles de la droga, organizaciones terroristas extranjeras y actores estatales”.

Específicamente, se menciona que el grupo Estado Islámico y oligarcas rusos han utilizado Tether para financiar operaciones y eludir sanciones.

A pesar de los riesgos, su adopción se acelera, con empresas como Shopify y plataformas de remesas como Félix Pago integrándolas en sus sistemas de pago, a menudo sin que el usuario final sea consciente de que está utilizando criptoactivos.

Esta dualidad entre legitimidad creciente y vulnerabilidad sistémica mantiene en alerta a las autoridades financieras a nivel global.