La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha experimentado una drástica escalada de tensiones, marcada por un despliegue militar estadounidense en el Caribe, ataques a embarcaciones, amenazas directas y un fallido intento de diálogo. La administración Trump ha intensificado su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, a quien acusa de liderar el “Cartel de los Soles” y de estar involucrado en narcotráfico. En las últimas semanas, Washington ha desplegado ocho buques de guerra, un submarino y cazas F-35 en el Caribe, una operación que justifica como una misión antinarcóticos. Como parte de esta, el ejército estadounidense ha atacado y hundido al menos tres embarcaciones que, según Trump, transportaban drogas desde Venezuela, causando la muerte de al menos 14 personas.
El presidente estadounidense ha defendido estas acciones, afirmando que las lanchas estaban afiliadas a organizaciones terroristas y que su objetivo era “envenenar a estadounidenses”.
En respuesta, Venezuela ha calificado las operaciones como una “guerra no declarada” y “asesinatos extrajudiciales”, solicitando una investigación de la ONU. El gobierno de Maduro ha iniciado ejercicios militares y el entrenamiento de milicias civiles para defenderse de una posible agresión. En el plano diplomático, Maduro envió una carta a Trump proponiendo reanudar el diálogo a través del enviado especial Richard Grenell y desmintiendo las acusaciones de narcotráfico, calificándolas de “fake news”. Sin embargo, la Casa Blanca confirmó la recepción de la misiva, pero la desestimó, afirmando que contenía “muchas mentiras” y que su postura sobre el “régimen ilegítimo” de Maduro no ha cambiado. Trump, por su parte, emitió un ultimátum, advirtiendo que Venezuela pagará un “precio incalculable” si no acepta de vuelta a migrantes deportados, a quienes calificó de “presos” y “monstruos”.
En resumenLa escalada de tensiones entre la administración Trump y el gobierno de Maduro ha llegado a un punto crítico, con acciones militares directas en el Caribe y una retórica beligerante. A pesar de un intento de diálogo por parte de Venezuela, la Casa Blanca mantiene su postura de máxima presión, combinando el despliegue militar con amenazas sobre deportaciones, lo que deja poco espacio para una solución diplomática a corto plazo.