La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un nuevo punto de tensión con el despliegue de una considerable fuerza naval estadounidense en el Mar Caribe. La administración Trump justifica la presencia de ocho buques de guerra, un submarino nuclear y cazas F-35 como parte de una operación antinarcóticos y antiterrorista, acusando al presidente Nicolás Maduro de liderar el “Cártel de los Soles” y de estar vinculado a la pandilla Tren de Aragua. En las últimas semanas, las fuerzas estadounidenses han realizado ataques letales contra al menos tres embarcaciones que, según Washington, transportaban drogas desde Venezuela, resultando en más de una docena de muertes.
Estas acciones han sido calificadas por el presidente colombiano Gustavo Petro como “ejecuciones sumarias” y una violación del derecho internacional. Por su parte, el gobierno de Maduro denuncia el despliegue como una “amenaza militar” y una “guerra no declarada” que busca un cambio de régimen, y ha respondido con ejercicios militares y la movilización de milicias civiles. En un intento de distensión, Maduro envió una carta a Trump proponiendo un diálogo directo a través del enviado especial Richard Grenell, la cual fue rechazada por la Casa Blanca por estar “plagada de mentiras”. Trump ha endurecido su retórica, advirtiendo a Venezuela que pagará un precio “incalculable” si no acepta más deportados y amenazando con “hacer saltar por los aires” a los narcotraficantes en la región.
Analistas consideran que, aunque la fuerza desplegada no es suficiente para una invasión, la operación aumenta el riesgo de una escalada militar en el Caribe.
En resumenEl despliegue militar de EE. UU. en el Caribe y los ataques a embarcaciones han elevado drásticamente la tensión con Venezuela. Mientras Trump justifica las acciones como una lucha contra el narcoterrorismo, Maduro las denuncia como una agresión a su soberanía, dejando a la región al borde de un conflicto mayor y con el diálogo diplomático actualmente roto.