La suspensión temporal del programa “Jimmy Kimmel Live!” por parte de la cadena ABC, tras presiones del gobierno de Trump, ha provocado un intenso debate nacional sobre los límites de la libertad de expresión y la censura en Estados Unidos. El incidente se originó por comentarios de Kimmel sobre el asesinato del activista conservador Charlie Kirk, lo que llevó a un comisionado de la FCC, designado por Trump, a amenazar con revocar licencias de transmisión, desencadenando la acción de la cadena. La respuesta de la comunidad de comediantes fue inmediata y contundente, en lo que se ha descrito como una “rebelión”. Figuras como Stephen Colbert salieron en defensa de Kimmel, calificando la medida de “evidente censura” y advirtiendo sobre los peligros de ceder ante un “régimen”.
La presión pública y mediática fue tan fuerte que ABC revirtió su decisión, y Kimmel regresó al aire con un monólogo en el que afirmó que “las amenazas del Gobierno para silenciar a un comediante que no le gusta al presidente es antiamericano”.
Su programa de regreso alcanzó una audiencia récord de más de seis millones de personas, con decenas de millones más viéndolo en línea. El presidente Trump reaccionó con enojo, llamando a Kimmel y a la cadena “una bola de ‘losers’” y amenazando con una demanda. El episodio es visto como una victoria para la libertad de expresión, demostrando que la comedia política sigue siendo un espacio vital y protegido para la crítica al poder en la democracia estadounidense, a pesar de los intentos de intimidación gubernamental.
En resumenEl caso de Jimmy Kimmel se convirtió en un símbolo de la resistencia a la censura gubernamental en Estados Unidos. La movilización de comediantes y el apoyo del público forzaron a la cadena ABC a reinstaurar el programa, reafirmando el papel crucial del humor como herramienta de crítica política y el valor de la Primera Enmienda frente a las presiones del poder.