La administración Trump ha extendido su agresiva política comercial a Japón, imponiendo aranceles y presionando al nuevo gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi para que aumente su gasto militar. Esta estrategia se enmarca en la visita del presidente estadounidense a Tokio, donde busca redefinir la alianza económica y de seguridad con uno de sus socios clave en Asia. En un acuerdo calificado por funcionarios japoneses como “humillante”, Japón se comprometió a destinar 550,000 millones de dólares para financiar proyectos en Estados Unidos a cambio de aranceles más bajos de los amenazados inicialmente por Trump. El pacto, negociado por el entonces ministro Ryosei Akazawa, otorga a la administración Trump la facultad de dictar cómo se gastará ese dinero, generando preocupación en Tokio sobre la posibilidad de que se seleccionen proyectos sin sentido estratégico para Japón. La nueva primera ministra, Sanae Takaichi, quien ha expresado sus reservas sobre el acuerdo, se enfrenta ahora a la difícil tarea de negociar con un presidente que ignora los consejos y actúa por impulso.
Durante una llamada telefónica, ambos líderes acordaron “elevar la alianza” a “niveles aún más altos”.
Takaichi, una conservadora de línea dura, ya anunció que Japón aumentará su presupuesto de defensa al 2% del PIB, una medida que Washington ha impulsado. La situación refleja la táctica de Trump de usar la presión arancelaria como principal herramienta de negociación, una estrategia que ha generado incertidumbre y ha obligado a los aliados a adaptarse a un estilo diplomático impredecible y transaccional.
En resumenTrump impuso un acuerdo comercial a Japón que lo obliga a invertir 550,000 millones de dólares en proyectos estadounidenses a cambio de aranceles reducidos. La nueva primera ministra, Sanae Takaichi, enfrenta la presión de aumentar el gasto militar y gestionar una alianza redefinida por el estilo de negociación impredecible del presidente estadounidense.