La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un punto crítico, marcado por un masivo despliegue naval estadounidense en el Caribe, la autorización de operaciones encubiertas de la CIA y la revelación de un complot para capturar al presidente Nicolás Maduro. La administración Trump ha desplegado una significativa fuerza militar en el Caribe, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, destructores y miles de soldados, bajo el pretexto de una operación antidrogas. El gobierno venezolano, sin embargo, considera estas maniobras como una "amenaza de agresión militar" y un pretexto para derrocar a Maduro y apropiarse de sus vastas reservas de petróleo. En este contexto de alta tensión, se reveló un plan fallido, ideado por el agente estadounidense Edwin López, para sobornar al piloto personal de Maduro con una "fortuna millonaria" a cambio de desviar su avión a un país donde pudiera ser arrestado por cargos de narcotráfico.
El plan fracasó cuando el piloto se negó, declarando según los informes: "Los venezolanos no somos traidores".
Este complot salió a la luz mientras el gobierno de Maduro denunciaba la captura de una supuesta célula de la CIA que planeaba un ataque de "falsa bandera" contra un buque de guerra estadounidense en Trinidad y Tobago para incriminar a Venezuela.
A pesar del embargo impuesto por Trump en 2019, Venezuela ha logrado sortearlo vendiendo petróleo con descuentos en el mercado negro, principalmente a China.
En resumenLa presión de la administración Trump sobre Venezuela se ha intensificado a través de una fuerte presencia militar en el Caribe, operaciones encubiertas y complots de captura. Venezuela denuncia estas acciones como un intento de golpe de estado para controlar sus recursos petroleros, en un escenario de profunda desconfianza y confrontación geopolítica.