La gira del presidente Donald Trump por Asia, con paradas en Malasia, Japón y Corea del Sur, ha estado marcada por una diplomacia de carácter personalista, enfocada en obtener acuerdos comerciales y fortalecer alianzas estratégicas para contrarrestar la influencia de China. Durante su visita, Trump recibió un trato preferencial y regalos simbólicos, como una réplica de una corona real en Corea del Sur y la promesa de una nominación al Premio Nobel de la Paz por parte de la primera ministra japonesa. En Japón, Trump se reunió con la nueva primera ministra, Sanae Takaichi, a quien elogió y con quien firmó acuerdos en defensa, semiconductores e inteligencia artificial.
Como parte del pacto, Japón se comprometió a realizar inversiones por 550,000 millones de dólares en Estados Unidos. Trump también anunció una inversión de 10,000 millones de dólares por parte de Toyota para construir nuevas plantas en EE.
UU., aunque la empresa posteriormente desmintió haber hecho un anuncio concreto al respecto.
En Corea del Sur, además de recibir una réplica de una corona real del siglo VII, Trump anunció un acuerdo comercial que incluye una inversión de 350,000 millones de dólares y la construcción de un submarino de propulsión nuclear con apoyo estadounidense. La gira es descrita como una "subasta geopolítica" donde Trump vende "protección" y "estabilidad al mejor postor", utilizando la amenaza de aranceles como herramienta de negociación para repatriar inversiones y asegurar el acceso condicionado al mercado estadounidense.
En resumenLa gira asiática de Trump se caracterizó por una diplomacia transaccional, donde obtuvo importantes compromisos de inversión de Japón y Corea del Sur a cambio de estabilidad y acuerdos comerciales. La estrategia, basada en la presión y los elogios personales, busca fortalecer la economía estadounidense y reafirmar su influencia en la región frente a China.