La tradicional postura de México en contra del bloqueo económico a Cuba provocó una enérgica reacción de Estados Unidos, generando un choque diplomático que se desarrolló principalmente en redes sociales. El incidente subraya las profundas diferencias entre la política exterior mexicana de no intervención y la defensa estadounidense de sus sanciones unilaterales. El conflicto se desató después de que el embajador de México ante la ONU, Héctor Vasconcelos, reiterara la "necesidad urgente de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero" durante la Asamblea General. La resolución, que condena el embargo estadounidense, fue aprobada por una abrumadora mayoría de 165 votos a favor. En respuesta, el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, calificó la declaración mexicana como "una mentira de principio a fin". A través de una serie de publicaciones en X, Landau negó la existencia de un "bloqueo", argumentando que se trata de un "embargo" basado en leyes internas que prohíben a ciudadanos y empresas estadounidenses comerciar con la isla. Acusó al régimen cubano de usar la narrativa del bloqueo para "culpar a otros por su pésima gestión económica".
Este intercambio expone dos visiones opuestas: México apela al derecho internacional y al multilateralismo, mientras que Estados Unidos defiende su derecho soberano a dictar su propia política exterior.
En un giro separado, la administración Trump ofreció ayuda humanitaria a Cuba tras el paso del huracán Melissa, después de haberla excluido inicialmente de la lista de países asistidos.
En resumenLa petición de México en la ONU para levantar el embargo a Cuba desató una confrontación diplomática con Estados Unidos. Funcionarios estadounidenses negaron la existencia de un "bloqueo", defendiendo sus sanciones como un derecho soberano, lo que evidencia una clara división en la política hemisférica.