El cierre parcial del gobierno de Estados Unidos ha superado todos los récords históricos, extendiéndose por más de 36 días y generando una crisis política y económica de gran escala. La parálisis presupuestaria, originada por la falta de acuerdo en el Congreso, ha dejado a más de un millón de empleados federales sin sueldo y amenaza con colapsar servicios esenciales. El estancamiento político se ha convertido en un símbolo de la profunda división en Washington. El presidente Donald Trump ha culpado directamente a los demócratas, a quienes calificó de «pilotos kamikaze» dispuestos a «destruir el país si es necesario». En un desayuno con senadores republicanos, Trump insistió: «Es culpa de los demócratas, pero no creo que estén recibiendo realmente la culpa que merecen». Por su parte, los líderes demócratas, como Chuck Schumer, han responsabilizado a la «intransigencia del presidente», argumentando que se niega a negociar un presupuesto justo. La disputa central radica en la exigencia demócrata de extender los subsidios del programa de salud Obamacare, una condición que los republicanos rechazan hasta que se reabra el gobierno.
Las consecuencias del cierre han sido devastadoras.
El costo económico se estima entre 10,000 y 30,000 millones de dólares semanales. Uno de los sectores más afectados ha sido la aviación, con el secretario de Transporte, Sean Duffy, anunciando la cancelación de miles de vuelos a partir del viernes debido a la escasez de unos 2,000 controladores aéreos, quienes se han visto obligados a trabajar sin sueldo. La crisis también ha golpeado a los programas sociales, destacando la suspensión de los cupones de alimentos del programa SNAP, que afecta a 42 millones de personas.
El propio Trump reconoció el impacto político del cierre, argumentando que fue un «factor importante» en las derrotas republicanas en las elecciones locales.
En resumenEl cierre de gobierno, el más largo en la historia de Estados Unidos, ha provocado una severa crisis económica y social, con un costo multimillonario y la interrupción de servicios clave como el control aéreo y la ayuda alimentaria. El estancamiento político, centrado en una disputa sobre subsidios de salud, refleja la polarización entre la administración Trump y los demócratas, con el presidente culpando a la oposición por la parálisis y sus consecuencias electorales negativas para el Partido Republicano.