El presidente Donald Trump anunció que ningún funcionario del gobierno estadounidense asistirá a la cumbre del G20 en Sudáfrica, calificando de "vergüenza" que el evento se realice en dicho país. La decisión se basa en acusaciones, sin pruebas, de que el gobierno sudafricano comete abusos y violaciones de derechos humanos contra los afrikáneres, la minoría de agricultores blancos. El análisis de esta decisión diplomática muestra una escalada en las tensiones entre Washington y Pretoria, que comenzaron poco después del regreso de Trump al poder.
El mandatario ha reiterado en su red social Truth Social que los afrikáneres "están siendo asesinados y masacrados, y sus tierras y granjas confiscadas ilegalmente".
Estas afirmaciones, que el gobierno sudafricano ha rechazado categóricamente como infundadas, se alinean con teorías conspirativas sobre un supuesto "genocidio blanco".
Trump ya había confrontado al presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, sobre este tema durante una visita a la Casa Blanca en mayo. La postura de Trump se ha endurecido, llegando a cuestionar la permanencia de Sudáfrica en el G20 y anunciando su intención de organizar la cumbre de 2026 en su club de golf en Miami.
Esta acción aísla aún más a Estados Unidos en foros multilaterales y refleja una política exterior basada en denuncias unilaterales y confrontación directa.
En resumenLa decisión de Trump de boicotear la cumbre del G20 en Sudáfrica, basada en acusaciones no probadas de violencia contra la minoría blanca, marca una ruptura diplomática significativa. Esta medida, criticada por el gobierno sudafricano, refleja la política exterior confrontacional de la administración Trump y su disposición a actuar unilateralmente en la escena mundial.