La política de aranceles del presidente Trump, un pilar de su agenda económica nacionalista, enfrentó un crucial desafío legal en la Corte Suprema de Estados Unidos. Mientras el tribunal evaluaba la legalidad de los gravámenes, Trump defendió su estrategia y prometió un "dividendo arancelario" de 2,000 dólares para la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. La administración Trump argumentó que la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales (IEEPA) le otorgaba la autoridad para imponer aranceles de manera unilateral, citando la seguridad nacional. Sin embargo, la Corte Suprema mostró un marcado escepticismo.
Jueces tanto conservadores como progresistas, incluyendo al presidente del tribunal John Roberts, cuestionaron si el presidente se había extralimitado en sus poderes, argumentando que la Constitución otorga al Congreso la potestad de establecer impuestos.
Trump advirtió que un fallo en su contra sería "catastrófico para nuestro país".
En defensa de su política, el mandatario aseguró que los ingresos recaudados por los aranceles, que según el Departamento del Tesoro ascendían a 195 mil millones de dólares en nueve meses, permitirían pagar la deuda nacional y financiar el bono de 2,000 dólares por persona.
Esta promesa fue repetida en múltiples ocasiones.
A pesar de haber insistido en que los países extranjeros pagaban los aranceles, Trump reconoció posteriormente que los consumidores estadounidenses estaban pagando "algo" de esos costos, un notable cambio en su discurso.
En resumenLa política arancelaria de Trump fue desafiada en la Corte Suprema, que expresó serias dudas sobre su base legal. En defensa de su estrategia, Trump prometió usar los ingresos de los aranceles para dar un bono de 2,000 dólares a los ciudadanos, mientras advertía que un fallo adverso sería "catastrófico" para la nación.