La tensión en el Caribe ha alcanzado un nuevo nivel con la llegada del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y moderno del mundo, a la zona de responsabilidad del Comando Sur de Estados Unidos. Este despliegue, ordenado por el presidente Donald Trump, forma parte de una masiva concentración militar en la región que ha sido interpretada como una táctica de presión directa contra el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. El grupo de ataque del portaaviones, que incluye más de 5,000 marineros, cazas F-18 Super Hornet, aviones de alerta temprana E-2 Hawkeye y destructores de misiles guiados, se suma a una flota ya considerable compuesta por ocho buques de guerra, un submarino nuclear y aviones F-35. El Pentágono justifica la operación como parte de su estrategia para “desmantelar organizaciones criminales transnacionales y combatir el narcoterrorismo”. El portavoz Sean Parnell afirmó que la presencia reforzada “mejorará y ampliará las capacidades existentes para interrumpir el narcotráfico”.
Sin embargo, esta justificación es vista con escepticismo por varios actores regionales e internacionales.
El gobierno de Venezuela ha calificado el despliegue como una “amenaza imperial” y una provocación. En respuesta, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, anunció la movilización de 200,000 efectivos militares en todo el territorio venezolano, incluyendo medios terrestres, aéreos, navales y misilísticos. Padrino acusó a Washington de actuar como “policía del mundo” y aseguró que Venezuela se mantendrá firme en la defensa de su soberanía. La escalada militar ocurre en paralelo a los controvertidos ataques estadounidenses contra presuntas “narcolanchas”, que han sido condenados por la ONU y han provocado la suspensión de la cooperación de inteligencia por parte de Colombia y el Reino Unido.
En resumenLa llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford al Caribe representa una significativa escalada militar de Estados Unidos en la región. Mientras Washington lo enmarca en su lucha contra el narcotráfico, Venezuela lo percibe como una amenaza directa a su soberanía, respondiendo con un masivo despliegue de sus propias fuerzas y aumentando el riesgo de un conflicto regional.