El gobierno de Donald Trump, a través del secretario de Estado Marco Rubio, ha defendido enérgicamente el derecho de Estados Unidos a operar militarmente en "su hemisferio", justificando los ataques letales contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico. Estas operaciones, que han resultado en la muerte de al menos 76 personas, han generado una fuerte controversia internacional y acusaciones de violar el derecho internacional. Durante una reunión de ministros del G7 en Canadá, Rubio afirmó que Europa "no es quien para determinar la legalidad" de las acciones de seguridad nacional de Estados Unidos. Sostuvo que el país está "siendo atacado por organizaciones criminales terroristas" y que el presidente Trump está "respondiendo en defensa de nuestro país". Esta postura se basa en la designación de varios cárteles de la droga como grupos terroristas por parte de la administración, lo que, según ellos, otorga la autoridad legal para matar a sus miembros. Sin embargo, esta justificación ha sido cuestionada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuyo Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Turk, advirtió que existen "fuertes indicios" de que los ataques constituyen "ejecuciones extrajudiciales".
La ofensiva militar ha provocado una crisis diplomática.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ordenó la suspensión del intercambio de inteligencia con agencias de seguridad estadounidenses mientras continúen los ataques, calificándolos como "asesinatos". De manera similar, el Reino Unido, un aliado clave, también suspendió el intercambio de información de inteligencia para no ser cómplice de lo que considera operaciones ilegales. A pesar de la condena internacional, el Departamento de Justicia de EE. UU. afirmó que los ataques son "legales" y consistentes con las leyes de conflicto armado, asegurando que el personal militar no puede ser procesado por seguir órdenes lícitas.
En resumenLa administración Trump mantiene una postura firme en su campaña militar contra el narcotráfico en Latinoamérica, justificándola como una defensa de la seguridad nacional. Sin embargo, la estrategia ha provocado la muerte de decenas de personas, ha sido calificada de ilegal por la ONU y ha fracturado relaciones diplomáticas clave con aliados como Colombia y el Reino Unido.