La administración del presidente Donald Trump ha revelado un ambicioso plan para expandir masivamente la perforación de petróleo y gas en aguas costeras de Estados Unidos, una medida que podría abrir más de 500 millones de hectáreas a la exploración. Esta política representa un giro drástico hacia los combustibles fósiles, en contraste con la tendencia mundial hacia las energías limpias, y ha provocado una fuerte resistencia interna, especialmente de estados como California. El plan, presentado por el Departamento del Interior, contempla 34 licitaciones en áreas que incluyen zonas nunca antes perforadas frente a Alaska, así como en el Golfo de México y la costa de California. La administración justifica la medida como una necesidad para asegurar la independencia energética de Estados Unidos, argumentando que la producción nacional fue paralizada por la administración anterior.
Trump ha criticado abiertamente el cambio global hacia las energías renovables, calificándolas de "engaño".
Sin embargo, la propuesta enfrenta una oposición contundente.
El gobernador de California, Gavin Newsom, calificó el plan de "idiota" y "peligroso", y prometió bloquear cualquier intento de perforación en la costa de su estado, acusando a Trump de vender la costa a "sus donantes petroleros". Organizaciones ambientales también han alertado sobre los devastadores efectos que esta expansión podría tener en los ecosistemas marinos, incluyendo riesgos de derrames y daños a la biodiversidad. Los defensores del plan, por otro lado, argumentan que impulsará la creación de empleos y fortalecerá la economía industrial del país.
En resumenEl plan de Trump para una expansión masiva de la perforación petrolera en altamar marca una clara priorización de los combustibles fósiles sobre los compromisos climáticos. La iniciativa ha desencadenado un enfrentamiento político con estados costeros y grupos ambientalistas, poniendo de relieve una profunda división sobre el futuro energético y ambiental de Estados Unidos.