Esta retórica ha generado una fuerte reacción del gobierno mexicano y ha puesto de manifiesto una estrategia de presión dual por parte de Washington. En declaraciones desde la Casa Blanca, Trump afirmó que estaría "orgulloso" de lanzar ataques contra los cárteles, comparando la situación con "una guerra".

Aseguró que su gobierno posee información de inteligencia detallada sobre los líderes criminales: "Conocemos cada ruta, conocemos las direcciones de cada narcotraficante... Lo sabemos todo de cada uno de ellos". A pesar de la contundencia de sus amenazas, el presidente matizó que no estaba anunciando una acción inminente. La Casa Blanca ha enviado mensajes mixtos; por un lado, la portavoz Karoline Leavitt elogió los "avances históricos" del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum en la lucha antinarcóticos, pero al mismo tiempo confirmó que Trump está "muy interesado en tomar medidas adicionales".

En contraste, el secretario de Estado, Marco Rubio, descartó una "acción unilateral" y aclaró que cualquier apoyo militar dependería de una solicitud formal de México.

La presidenta Sheinbaum ha rechazado categóricamente cualquier intervención extranjera, afirmando que "México es un país libre, independiente y soberano".

El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, reforzó la postura dura, calificando a los cárteles como "narcoterroristas" que controlan la frontera.