La administración Trump ha intensificado la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, combinando un masivo despliegue militar en el Mar Caribe con la apertura a un posible diálogo. Esta estrategia dual ha elevado las tensiones en la región, provocando la cancelación de vuelos comerciales y la preocupación de líderes latinoamericanos. Bajo la denominada Operación “Lanza del Sur”, Estados Unidos ha movilizado activos militares significativos, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, destructores, aviones F-35 y miles de efectivos, en lo que se describe como el mayor despliegue en la región en décadas. Oficialmente, el objetivo es combatir el narcotráfico, pero Caracas lo percibe como una amenaza directa de cambio de régimen. La Administración Federal de Aviación (FAA) emitió una alerta sobre una “situación potencialmente peligrosa” debido al “aumento de la actividad militar”, lo que llevó a aerolíneas como Iberia, TAP y Avianca a suspender sus vuelos a Venezuela.
En medio de esta presión, Trump ha declarado estar dispuesto a dialogar “cara a cara” con Maduro, afirmando tener “algo muy específico que decirle”. Por su parte, Maduro también se ha mostrado abierto al diálogo, aunque ha denunciado la presencia de agentes de la CIA en territorio venezolano. Según informes, Maduro habría ofrecido renunciar en un plazo de dos a tres años, propuesta que la Casa Blanca rechazó.
Líderes como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, han expresado su “mucha preocupación” y su intención de hablar con Trump para evitar un conflicto.
En resumenLa administración Trump ha escalado la presión sobre Venezuela con un importante despliegue militar en el Caribe y la autorización de operaciones encubiertas de la CIA, al tiempo que se muestra abierta al diálogo con Maduro. Esta situación ha elevado las tensiones regionales, ha provocado la cancelación de vuelos y ha generado la inquietud de otros líderes latinoamericanos.