Con Brasil, Trump revirtió recientemente un arancel adicional del 40% sobre productos como carne y café, una medida que había sido impuesta como represalia política por el juicio a su aliado Jair Bolsonaro.

Esta flexibilización se produjo tras negociaciones con el presidente Lula da Silva y en un contexto de presión interna para reducir la inflación en EE.

UU.

La guerra comercial con China también es un tema recurrente, donde los aranceles de Trump provocaron una respuesta de Pekín, que utilizó su dominio sobre las tierras raras como palanca de negociación, llevando a una tregua. Los datos comerciales de agosto mostraron una caída en las importaciones y una reducción del déficit comercial, lo que la administración podría ver como un éxito, aunque los economistas señalan que esto se debe a que las empresas acumularon inventarios antes de que los aranceles entraran en vigor. La política arancelaria sigue siendo un pilar de la agenda nacionalista de Trump, pero su impacto en la inflación y la popularidad del presidente es un punto de vulnerabilidad política.