Estados Unidos, como próximo país anfitrión del G20, se ausentó de las conversaciones de dos días que reunieron a las principales economías del mundo. El presidente Trump argumentó que el boicot se debía a la supuesta persecución violenta de la minoría blanca afrikáner por parte del gobierno sudafricano. Esta ausencia creó un momento incómodo en la ceremonia de clausura, donde el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, golpeó el mazo ceremonial para cerrar la cumbre, pero no había ningún funcionario estadounidense presente para recibirlo, como dicta la tradición. Un intento de última hora de la Casa Blanca para que un funcionario de menor rango de su embajada recibiera el mazo fue rechazado por Sudáfrica, que lo consideró un "insulto". La cumbre, la primera celebrada en África, también se distinguió por emitir su declaración de líderes el primer día, frente a la oposición de Estados Unidos, que criticaba la agenda centrada en el cambio climático y la desigualdad, temas que la administración Trump ha despreciado. La declaración fue respaldada por otras naciones clave como China, Rusia y Alemania.