Durante la llamada, Xi Jinping adoptó una postura firme sobre Taiwán, afirmando que su “regreso a China es una parte importante del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial”.
Este mensaje subraya la línea roja de Pekín en un momento de redefiniciones geopolíticas. En el ámbito comercial, la conversación dio seguimiento a la tregua alcanzada el mes anterior, que llevó a Washington a reducir aranceles y a Pekín a suspender restricciones a la exportación de tierras raras.
Trump celebró que China estaba en proceso de aumentar sus compras de soya estadounidense, un punto clave del acuerdo para los agricultores de EE.UU. Ambos líderes también discutieron la guerra en Ucrania y el tráfico de fentanilo. La llamada culminó con un acuerdo de alto nivel: Trump confirmó que aceptó una invitación para visitar Pekín en abril del próximo año, y a su vez, invitó a Xi a una visita de Estado a Estados Unidos. Este intercambio de visitas, el primero de este nivel anunciado en el segundo mandato de Trump, indica una voluntad de mantener canales de comunicación abiertos a pesar de las tensiones persistentes, como la consideración de la administración Trump sobre permitir la venta de chips avanzados de inteligencia artificial a China.













