La decisión se produjo tras una abrumadora aprobación bipartidista en el Congreso, marcando un giro en la postura del mandatario sobre un caso que ha generado intenso interés público y ha alimentado numerosas teorías.

El cambio de postura de Trump fue notable. Durante su campaña, prometió revelaciones, pero una vez en el poder, se opuso a la divulgación, calificando el tema como un “bulo” de los demócratas. Sin embargo, cuando la aprobación de la ley en el Congreso se volvió inevitable, con un apoyo de 427-1 en la Cámara de Representantes y unanimidad en el Senado, Trump cedió y anunció que la firmaría. Al hacerlo, intentó controlar la narrativa, afirmando en su red Truth Social que la publicación afectaría más a los demócratas, mencionando a Bill Clinton, y que su gobierno ya había entregado cerca de 50,000 páginas al Congreso. La nueva ley exige la publicación de unos 300 gigabytes de datos, que incluyen correos, registros de vuelo y comunicaciones. No obstante, la legislación permite al Departamento de Justicia retener información que ponga en riesgo investigaciones en curso, lo que ha generado escepticismo sobre la transparencia total del proceso, especialmente después de que Trump ordenara a la fiscal general Pam Bondi abrir nuevas investigaciones sobre los vínculos de Epstein con sus rivales políticos.