La administración de Donald Trump intensificó su estrategia hacia Venezuela al designar oficialmente al llamado “Cártel de los Soles” como una organización terrorista extranjera, una medida que coincide con un masivo despliegue militar en el Caribe. Sin embargo, en un giro diplomático, el propio presidente ha manifestado su disposición a dialogar directamente con Nicolás Maduro, creando una política dual de máxima presión y posible negociación. La designación, que entró en vigor el 24 de noviembre, otorga a Washington nuevas herramientas legales y financieras para sancionar al gobierno de Nicolás Maduro, a quien acusa de liderar esta red criminal. No obstante, múltiples fuentes, incluido el analista Phil Gunson del International Crisis Group, sostienen que el “Cártel de los Soles” no existe como una estructura unificada, sino que es un “término peyorativo venezolano para referirse a las figuras corruptas de las fuerzas armadas”. El gobierno venezolano ha calificado la medida como una “ridícula patraña” y una “infame y vil mentira para justificar una intervención”.
En paralelo a la presión diplomática, Estados Unidos ha ejecutado la “Operación Lanza del Sur”, un despliegue militar en el Caribe que incluye al portaaviones USS Gerald R. Ford, bombarderos B-52 y cazas F/A-18. En el marco de esta operación, se han realizado ataques contra presuntas “narcolanchas” que han dejado un saldo de más de 80 personas fallecidas, acciones que Caracas denuncia como “ejecuciones extrajudiciales”. En este contexto de alta tensión, Trump ha declarado que “podría hablar” con Maduro para “salvar muchas vidas”, afirmando que las cosas se pueden “hacer por las buenas” pero también “por las malas”.
Esta dualidad ha generado incertidumbre regional, llevando a aerolíneas internacionales a suspender vuelos a Venezuela tras una advertencia de la Administración Federal de Aviación (FAA) sobre una “situación potencialmente peligrosa”.
En resumenLa política de Estados Unidos hacia Venezuela se caracteriza por una doble vía: por un lado, una escalada de presión militar y legal con la designación del “Cártel de los Soles” como grupo terrorista; por otro, la sorpresiva disposición de Trump a un diálogo directo con Maduro. Esta estrategia contradictoria ha elevado la tensión en el Caribe, afectado la aviación civil y generado rechazo por parte del gobierno venezolano, que la considera un pretexto para una intervención.