Exigía que Ucrania cediera territorios en el Donbás no conquistados militarmente, redujera su ejército a 600,000 efectivos y renunciara constitucionalmente a su aspiración de unirse a la OTAN. El presidente Zelenski rechazó públicamente estos términos, declarando que no “traicionará” a su país y que se enfrenta a una “elección muy difícil: la pérdida de dignidad o el riesgo de perder a un socio clave”. Por su parte, Vladímir Putin consideró que el texto podría servir “como base para una solución pacífica definitiva”, pero amenazó con continuar las conquistas territoriales si Kiev lo rechazaba.

La propuesta generó alarma entre los aliados europeos, quienes insistieron en que “nada debe decidirse sobre Ucrania sin Ucrania”.

Ante la presión, se llevaron a cabo negociaciones en Ginebra y Abu Dabi, donde delegaciones de EE.

UU. y Ucrania elaboraron un “marco de paz actualizado y perfeccionado” de 19 puntos, considerado más favorable para Kiev.

Tras estos avances, Trump afirmó estar “muy cerca de un acuerdo” y condicionó una reunión trilateral con Putin y Zelenski a que el pacto sea “definitivo”.