Este contacto directo se produce en un contexto de máxima tensión, marcado por un masivo despliegue militar estadounidense en el Caribe. La llamada, reportada inicialmente por The New York Times y confirmada por el medio venezolano Últimas Noticias, tuvo lugar entre el 17 y el 22 de noviembre y en ella participó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Según diversas fuentes, los mandatarios discutieron la posibilidad de un encuentro en Estados Unidos, aunque no se concretaron planes.
Este acercamiento diplomático es notable, ya que ocurrió días antes de que el Departamento de Estado designara oficialmente como organización terrorista al "Cartel de los Soles", un grupo que Washington vincula con Maduro. La conversación reaviva el debate sobre la estrategia de la Casa Blanca hacia Venezuela, que combina una fuerte presión militar con la puerta abierta al diálogo.
Trump había declarado previamente que estaría dispuesto a hablar con Maduro para "salvar muchas vidas".
Simultáneamente, Estados Unidos ha desplegado en el Caribe su mayor presencia naval desde la primera Guerra del Golfo, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, y ha advertido sobre el inicio "muy pronto" de operaciones terrestres contra el narcotráfico. Además, el ejército estadounidense está instalando un nuevo radar en Trinidad y Tobago, a solo 11 kilómetros de la costa venezolana, lo que Caracas interpreta como parte de un "plan de guerra". La dualidad de la política de Trump, que amenaza con acciones militares mientras explora el diálogo, mantiene la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones entre ambos países.












