El plan original de 28 puntos, gestado en consultas directas con autoridades rusas y excluyendo a los aliados europeos, contenía significativas concesiones por parte de Kiev que parecían alineadas con las demandas del Kremlin. Según los informes, este plan contemplaba que Ucrania limitara su ejército a 600,000 hombres, descartara su entrada en la OTAN y se retirara del territorio que aún controla en la región del Donbás, que sería reconocida de facto como rusa y desmilitarizada. A cambio, se destinarían 100,000 millones de dólares de fondos rusos congelados para la reconstrucción de Ucrania.
Esta propuesta inicial fue criticada por ser excesivamente favorable a Moscú.
En respuesta, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski anunció que presentaría “alternativas”, y los aliados europeos, sintiéndose excluidos, formularon un contraplan que permitiría un ejército ucraniano de 800,000 efectivos y dejaría abierta la posibilidad de adhesión a la OTAN.
Tras negociaciones en Ginebra, el plan estadounidense fue revisado y reducido a 19 puntos, considerado más favorable para Kiev. Una delegación ucraniana, encabezada por el secretario del Consejo para la Seguridad Nacional Rustem Umérov, viajó a Florida para continuar las conversaciones con el secretario de Estado Marco Rubio y el enviado especial Steve Witkoff. Mientras tanto, el Kremlin ha confirmado que recibirá a Witkoff en Moscú para discutir la propuesta. El propio Trump ha condicionado una reunión trilateral con Putin y Zelenski a que el acuerdo sea “definitivo”. Sin embargo, la iniciativa ha estado envuelta en polémica, con acusaciones de que el plan representa un “millonario negocio” para Trump, su yerno Jared Kushner y Steve Witkoff, quienes pretenderían obtener “cuantiosas ganancias personales en el proceso de reconstrucción”.












