La lista incluye a multimillonarios como Jeff Yass y Paul Singer, así como a varias figuras que posteriormente fueron nombradas para altos cargos en el gobierno.
El equipo de transición recaudó poco más de 14 millones de dólares, de los cuales se gastaron 13.7 millones. A diferencia de administraciones anteriores, la de Trump optó por no firmar un acuerdo con la Administración General de Servicios (GSA) que lo habría obligado a revelar a sus donantes en un plazo de 30 días y a limitar las contribuciones individuales a 5,000 dólares.
Al rechazar este acuerdo, la transición pudo aceptar contribuciones significativamente mayores sin las restricciones habituales.
Entre los donantes que luego ocuparon puestos clave se encuentran Linda McMahon, nombrada Secretaria de Educación, Howard Lutnick, Secretario de Comercio, y Steve Witkoff, enviado especial. La portavoz de la transición, Danielle Alvarez, afirmó que “a diferencia de los políticos del pasado, (Trump) no se deja comprar por nadie y hace lo que es mejor para el país”. Sin embargo, grupos de vigilancia como Partnership for Public Service criticaron la falta de transparencia, argumentando que ocultar la identidad de los donantes y el monto de sus contribuciones hace casi imposible que el público conozca potenciales acuerdos de influencia. “Lo que estaban haciendo era esconder evidencia sobre quién está comprando el gobierno”, declaró Max Stier, presidente de la organización. La lista no especificaba las cantidades aportadas por cada donante, ni incluía detalles como direcciones o profesiones, lo que dificulta la confirmación de la identidad de muchos de los contribuyentes.










