Las negociaciones han sido lideradas por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, quienes sostuvieron una reunión de cinco horas con Putin en Moscú.

Tras el encuentro, Putin reconoció la conversación como “necesaria” y “útil”, pero afirmó que, si bien algunas disposiciones eran discutibles, otras “no podemos aceptarlas”.

El Kremlin ha evitado detallar los puntos de discordia para no “perturbar el régimen de trabajo de los esfuerzos de paz”. El plan original de EE. UU., redactado sin la participación de los aliados europeos, fue criticado por ser demasiado favorable a Moscú, ya que, según los informes, preveía la retirada total de las fuerzas ucranianas de la región de Donetsk y el reconocimiento de facto de la soberanía rusa sobre Donetsk, Lugansk y Crimea.

Tras las críticas, el borrador fue enmendado. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, ha calificado el plan revisado como “viable” y ha destacado las “serias medidas” de Washington para lograr una paz “decente y digna”. Sin embargo, los líderes europeos, como el presidente francés Emmanuel Macron, han advertido que un acuerdo “sólo puede finalizarse” con Kiev y Europa “alrededor de la mesa”, mostrando su temor a que Washington sacrifique la soberanía ucraniana. La diplomacia alemana, por su parte, considera que Rusia no está “en modo negociación”.