Segundo, busca impedir que “competidores ajenos al hemisferio” puedan desplegar fuerzas militares o controlar activos estratégicos en la región. Tercero, propone un “reajuste de nuestra presencia militar global para abordar las amenazas urgentes en nuestro Hemisferio”, lo que implica una mayor presencia de la Guardia Costera y la Armada para controlar rutas marítimas y frustrar la migración irregular. En el ámbito económico, la estrategia prioriza la “diplomacia comercial”, utilizando aranceles y acuerdos comerciales recíprocos como herramientas para fortalecer la economía estadounidense y la de sus socios regionales. Analistas y especialistas han expresado su preocupación, señalando que esta doctrina se reinventa con un enfoque “injerencista y autoritario” que podría vulnerar la soberanía de países como México y generar efectos perversos en la seguridad y las instituciones democráticas de América Latina.