Un comité de expertos del gobierno de Estados Unidos, designados por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., ha decidido dejar de recomendar la vacunación universal contra la hepatitis B para recién nacidos. Esta medida, celebrada por el presidente Donald Trump, revierte una política de salud pública de más de 30 años y ha sido duramente criticada por la comunidad médica. La decisión fue tomada por el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) con ocho votos a favor y tres en contra. La nueva directiva establece que la primera dosis de la vacuna solo se recomendará a recién nacidos cuya madre tenga un diagnóstico confirmado de hepatitis B.
Para los demás casos, el comité recomienda a los padres consultar con un médico para decidir “si desean vacunar al bebé y cuándo”.
Anteriormente, la política de vacunación universal al nacer buscaba prevenir el contagio madre-hijo en casos no diagnosticados y fue clave para la práctica erradicación de la enfermedad en personas jóvenes en Estados Unidos. El presidente Trump calificó la medida como “una decisión muy buena” en su red social Truth Social.
Sin embargo, la comunidad médica reaccionó con alarma.
La Academia Americana de Pediatría emitió un comunicado en el que su presidenta, Susan J. Kressly, afirmó: “Esta recomendación irresponsable y deliberadamente engañosa provocará más infecciones de hepatitis B en bebés y niños”. Miembros disidentes del propio comité, como el doctor Cody Meissner, también se opusieron, advirtiendo que “al modificar la formulación de esta recomendación, estamos causando daño”.
En resumenLa decisión de la administración Trump de revertir la recomendación de vacunación universal contra la hepatitis B para recién nacidos marca un controvertido giro en la política de salud pública. A pesar del respaldo presidencial, la medida enfrenta una fuerte oposición de las principales asociaciones médicas, que advierten sobre un resurgimiento de la enfermedad en la población infantil.